VIDEO ROBERTO BOLAÑO
Terror y
deseo en cuatro cuentos
de Roberto
Bolaño
Martín Presenza
Universidad Nacional de Mar
del Plata – Celehi
“Y estoy tentada de decirle que todos
somos fantasmas, que
todos hemos entrado demasiado pronto en
las películas de
los fantasmas”
Roberto Bolaño. “Joanna Silvestri”
El tercer cuento de la serie,
“Joanna Silvestri”, exhibe sus
diferencias con el conjunto de
forma más categórica que sus
similitudes, pues, como
dijimos al principio, está construido
como imagen en espejo de los
otros. Si en “Compañeros
de celda” y “Clara” la mujer
se presenta como una suerte de
enigma visto desde afuera, en
este caso ocurre lo contrario:
quien narra es Joanna
Silvestri y el objeto del relato es Jack
Holmes, una leyenda del cine
porno retirada de los estudios
de grabación. Este personaje
es una variación en tono clase
B de los tipos que obsesionaban a
Bolaño: escritores perdidos,
vagabundos y marginales.
“Joanna Silvestri” comienza
con una serie de índices
enunciativos: “Aquí estoy yo, Joanna
Silvestri, de 37 años, actriz
porno, postrada en la clínica Los
Trapecios de Nîmes, viendo
pasar las tardes y escuchando las
historias de un detective
chileno” (163).2 Estas precisiones
fijan la significación del
pronombre “yo”, le otorgan una
identidad y describen sin
ambigüedades la situación en que
el discurso ficcional simula
ser producido. Desde luego, el
cambio de narrador queda
puesto en primer plano por este
comienzo de cuento, así como
también el marco referencial
en que se mueve la narración,
el mundo de la pornografía.
Por este género menor Bolaño
ha sentido la misma atracción
que por los demás, pero, si
bien el terror o la ciencia
ficción han sido aceptados
—calurosamente o con reticencias,
según el caso— dentro de los
límites de la literatura
seria, con todos los problemas que la
categoría conlleva, la
pornografía todavía conserva
un estatuto marginal, a pesar
de su creciente difusión
social.3 El relato postula la idea de
una suerte de espacio común
que agruparía a los géneros relativamente
marginales, apelando al
imaginario del cine de
bajo presupuesto como medio de
circulación de este tipo de
producciones. El cuento
ilustra esta noción de continuidad
cuando se refiere a una
estrella del porno que migra al cine
de terror, lo que constituye
un movimiento de aproximación
hacia el núcleo de la
industria cinematográfica: “Sharon
Grove que ahora hacía
películas de terror y que incluso
afirmaba que iba a estar en la
próxima de Carpenter o Clive
Barker” (166).
El asunto central de “Joanna
Silvestri” es Jack Holmes,
antiguo compañero de trabajo y
amante de Joanna,
con quien vuelve a encontrarse
luego de varios años. En él
se reiteran algunos rasgos de
Sofía, el personaje de “Compañeros
de celda”, como la delgadez y
la desidia con que
transcurren sus días. Del
mismo modo, la casa de Holmes,
alejada del centro de Los
Ángeles y mal conservada, es un
3
El escritor uruguayo Ercole Lissardi analiza los préstamos del porno al
cine
“serio” y la literatura en su ensayo “Después de la pornografía”. Allí
cita
la opinión del fotógrafo Tony Stamolis, quien afirma que la pornografía
se
ha convertido en la actualidad en “una forma de arte-pop, que
arrastra
un estigma enorme, pero pese a ello tiene una enorme influencia
sobre
nuestro entorno: el arte, la moda, la publicidad, la música, todo
incluye
elementos pornográficos” (111).
correlato del carácter de su
ocupante. Sin embargo, el material
del que se sirve Bolaño para
construir a este personaje
es su cuerpo. En ese sentido
el recurso a la pornografía hace
más evidente una inflexión
particular de la representación
de lo corporal común a este
grupo de relatos, pues la mirada
pornográfica descompone el
cuerpo en partes y se concentra
en algunas de ellas. Así, de
Jack Holmes se refiere “su polla,
grande y fría como una pitón”
(170), mientras que las palabras
iniciales de “Clara” describen
que “era tetona” (152).
La elección del mundo de la
pornografía como tema del relato
tiene entre sus fines mostrar
un modo particular de percepción
de los cuerpos, de la misma
forma que en “Compañeros
de celda” se recurre a las
convenciones del relato de
terror y en “Clara” al
discurso médico.4 También en sintonía
con el conjunto apela a un
cambio de registro, que abandona
la descripción directa de hechos
e introduce un nivel de
sentido diferente por medio de
una epifanía. Avanzado el
relato, Jack se presenta en el
estudio de grabación donde
Joanna está filmando. Su
entrada en el lugar tiene un efecto
extraño. Como si se tratara de
un ser sobrenatural, produce
“un silencio luminoso, si
puedo llamarlo así, un silencio de
agua que cae en cámara lenta”.
Los actores que realizan la
escena con Joanna “se dieron
cuenta de que Jack acababa
de entrar y las vergas se les
endurecieron casi de inmediato”
(173-4). Años más tarde,
Joanna recuerda el episodio como
una santificación de su
trabajo y sus vidas (175). La peculiaridad
del suceso está dada por el
entrecruzamiento de
sistemas simbólicos
contrastantes, una experiencia de santi-
4
En un análisis de la novela Crash de James Ballard, Pablo Capanna
nota
la conexión entre el lenguaje médico y la pornografía. Ambos códigos,
argumenta,
descomponen el cuerpo en sus partes integrantes y lo
aíslan
de su contexto. El auge de estos discursos a fines del siglo XX
puede
explicarse en tanto logran como ningún otro una “ilustración del
nihilismo
en las relaciones personales” (44-5).
dad en el contexto de la
explotación comercial del sexo. El
narrador de “Clara” comunicaba
la idea de que en su relato
había un sentido oscuro que se
le escapaba. En este caso,
también se escamotea el
sentido último en virtud de su introducción
indirecta. Joanna describe el
ingreso de Jack en
el estudio por sus efectos
sobre los cuerpos de los actores
que están filmando con ella, y
no de manera directa, pues no
lo percibe. Ese artificio
narrativo hace que el contenido de
la revelación desatada por la
presencia de Holmes pueda ser
referido sin ser nombrado.






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