viernes, 3 de junio de 2016

2P-ACTIVIDADES ONCE

VIDEO ROBERTO BOLAÑO








Terror y deseo en cuatro cuentos
de Roberto Bolaño
Martín Presenza
Universidad Nacional de Mar del Plata – Celehi

“Y estoy tentada de decirle que todos somos fantasmas, que
todos hemos entrado demasiado pronto en las películas de
los fantasmas”
Roberto Bolaño. “Joanna Silvestri”

El tercer cuento de la serie, “Joanna Silvestri”, exhibe sus
diferencias con el conjunto de forma más categórica que sus
similitudes, pues, como dijimos al principio, está construido
como imagen en espejo de los otros. Si en “Compañeros
de celda” y “Clara” la mujer se presenta como una suerte de
enigma visto desde afuera, en este caso ocurre lo contrario:
quien narra es Joanna Silvestri y el objeto del relato es Jack
Holmes, una leyenda del cine porno retirada de los estudios
de grabación. Este personaje es una variación en tono clase
B de los tipos que obsesionaban a Bolaño: escritores perdidos,
vagabundos y marginales. “Joanna Silvestri” comienza
con una serie de índices enunciativos: “Aquí estoy yo, Joanna
Silvestri, de 37 años, actriz porno, postrada en la clínica Los
Trapecios de Nîmes, viendo pasar las tardes y escuchando las
historias de un detective chileno” (163).2 Estas precisiones
fijan la significación del pronombre “yo”, le otorgan una
identidad y describen sin ambigüedades la situación en que
el discurso ficcional simula ser producido. Desde luego, el

cambio de narrador queda puesto en primer plano por este
comienzo de cuento, así como también el marco referencial
en que se mueve la narración, el mundo de la pornografía.
Por este género menor Bolaño ha sentido la misma atracción
que por los demás, pero, si bien el terror o la ciencia
ficción han sido aceptados —calurosamente o con reticencias,
según el caso— dentro de los límites de la literatura
seria, con todos los problemas que la categoría conlleva, la
pornografía todavía conserva un estatuto marginal, a pesar
de su creciente difusión social.3 El relato postula la idea de
una suerte de espacio común que agruparía a los géneros relativamente
marginales, apelando al imaginario del cine de
bajo presupuesto como medio de circulación de este tipo de
producciones. El cuento ilustra esta noción de continuidad
cuando se refiere a una estrella del porno que migra al cine
de terror, lo que constituye un movimiento de aproximación
hacia el núcleo de la industria cinematográfica: “Sharon
Grove que ahora hacía películas de terror y que incluso
afirmaba que iba a estar en la próxima de Carpenter o Clive
Barker” (166).
El asunto central de “Joanna Silvestri” es Jack Holmes,
antiguo compañero de trabajo y amante de Joanna,
con quien vuelve a encontrarse luego de varios años. En él
se reiteran algunos rasgos de Sofía, el personaje de “Compañeros
de celda”, como la delgadez y la desidia con que
transcurren sus días. Del mismo modo, la casa de Holmes,
alejada del centro de Los Ángeles y mal conservada, es un

3 El escritor uruguayo Ercole Lissardi analiza los préstamos del porno al
cine “serio” y la literatura en su ensayo “Después de la pornografía”. Allí
cita la opinión del fotógrafo Tony Stamolis, quien afirma que la pornografía
se ha convertido en la actualidad en “una forma de arte-pop, que
arrastra un estigma enorme, pero pese a ello tiene una enorme influencia
sobre nuestro entorno: el arte, la moda, la publicidad, la música, todo
incluye elementos pornográficos” (111).

correlato del carácter de su ocupante. Sin embargo, el material
del que se sirve Bolaño para construir a este personaje
es su cuerpo. En ese sentido el recurso a la pornografía hace
más evidente una inflexión particular de la representación
de lo corporal común a este grupo de relatos, pues la mirada
pornográfica descompone el cuerpo en partes y se concentra
en algunas de ellas. Así, de Jack Holmes se refiere “su polla,
grande y fría como una pitón” (170), mientras que las palabras
iniciales de “Clara” describen que “era tetona” (152).
La elección del mundo de la pornografía como tema del relato
tiene entre sus fines mostrar un modo particular de percepción
de los cuerpos, de la misma forma que en “Compañeros
de celda” se recurre a las convenciones del relato de
terror y en “Clara” al discurso médico.4 También en sintonía
con el conjunto apela a un cambio de registro, que abandona
la descripción directa de hechos e introduce un nivel de
sentido diferente por medio de una epifanía. Avanzado el
relato, Jack se presenta en el estudio de grabación donde
Joanna está filmando. Su entrada en el lugar tiene un efecto
extraño. Como si se tratara de un ser sobrenatural, produce
“un silencio luminoso, si puedo llamarlo así, un silencio de
agua que cae en cámara lenta”. Los actores que realizan la
escena con Joanna “se dieron cuenta de que Jack acababa
de entrar y las vergas se les endurecieron casi de inmediato”
(173-4). Años más tarde, Joanna recuerda el episodio como
una santificación de su trabajo y sus vidas (175). La peculiaridad
del suceso está dada por el entrecruzamiento de
sistemas simbólicos contrastantes, una experiencia de santi-

4 En un análisis de la novela Crash de James Ballard, Pablo Capanna
nota la conexión entre el lenguaje médico y la pornografía. Ambos códigos,
argumenta, descomponen el cuerpo en sus partes integrantes y lo
aíslan de su contexto. El auge de estos discursos a fines del siglo XX
puede explicarse en tanto logran como ningún otro una “ilustración del
nihilismo en las relaciones personales” (44-5).

dad en el contexto de la explotación comercial del sexo. El
narrador de “Clara” comunicaba la idea de que en su relato
había un sentido oscuro que se le escapaba. En este caso,
también se escamotea el sentido último en virtud de su introducción
indirecta. Joanna describe el ingreso de Jack en
el estudio por sus efectos sobre los cuerpos de los actores
que están filmando con ella, y no de manera directa, pues no
lo percibe. Ese artificio narrativo hace que el contenido de
la revelación desatada por la presencia de Holmes pueda ser
referido sin ser nombrado.

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